Cualquier nacionalismo (mejor, cualquier nacionalista) o, en general, cualquier localismo, tiene por definición gestos excluyentes, no siempre enfáticos: al ‘de afuera’ le están prohibidos, por ‘de afuera’ (es decir, por su identidad geográfica, políticamente definida), ciertos privilegios. No sólo el beneficio total de las instituciones públicas… también hay, por cierto, el tipo de impedimento que aparece camuflado como emocional o cognitivo: cuando se le dice al foráneo ‘tú no puedes entenderlo’ o ‘no puedes sentirlo como yo = nosotros’ (el grupo se autocomprende también como de saber y de sentir). Este acto de habla, ciertamente lapidario, está igualmente en otras estructuras (añadir ‘excluyentes’ sería redundante), legítimas e ilegítimas. El gran juego social de incluir/excluir se produce y reproduce cotidianamente.













