‘Tú no puedes entenderlo’

Cualquier nacionalismo (mejor, cualquier nacionalista) o, en general, cualquier localismo, tiene por definición gestos excluyentes, no siempre enfáticos: al ‘de afuera’ le están prohibidos, por ‘de afuera’ (es decir, por su identidad geográfica, políticamente definida), ciertos privilegios. No sólo el beneficio total de las instituciones públicas… también hay, por cierto, el tipo de impedimento que aparece camuflado como emocional o cognitivo: cuando se le dice al foráneo ‘tú no puedes entenderlo’ o ‘no puedes sentirlo como yo = nosotros’ (el grupo se autocomprende también como de saber y de sentir). Este acto de habla, ciertamente lapidario, está igualmente en otras estructuras (añadir ‘excluyentes’ sería redundante), legítimas e ilegítimas. El gran juego social de incluir/excluir se produce y reproduce cotidianamente.

Doble o nada

Según el ideal romántico de autenticidad, que se fue gestando durante el siglo XVIII aunque, como afirma Taylor, sólo a partir de Herder aparece configurado, es decir, elevado a filosofía, hay en cada hombre cierta forma peculiar, diferente, de ser hombre; el hombre auténtico sería aquel que llega a coincidir consigo mismo —y ya se sabe lo fácil que resulta no hacerlo, dejarse llevar; aquel que sólo jura fidelidad a su propio modo de ser, que puede conocer por el contacto íntimo, profundo, consigo (habría por tanto la posibilidad de autotransparencia). El gran logro vital, lo que ante todo hay que conquistar, sería el propio yo. Herder rehabilitó, en fin, el viejo lema pindárico: «¡llega a ser el que eres!»…

Toda esta gran masturbación filosófica burguesa llega hasta hoy, Heidegger y compañía mediante, incluso en forma de spot: el héroe heideggeriano, aquel que por la decisión se aparta de la existencia inauténtica, de la maldad de lo banal, hoy bebería Voll-Damm.

Quinta nota

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como en esta instalación de Haacke, la mano del mercado hoy está a la vista de cualquiera y como farsa: in situ, la mano saluda burlona al espectador, cuya respuesta, sin duda lo más interesante, está de momento tibia, indefinida, entre la tragedia y la comedia. Porque ¿qué sería la crisis (no la real sino la mediática, que afecta a todos por igual)? La indefinición del problema, que, como la instalación, sólo en principio resulta cómico, forma parte del problema de la respuesta.

Bloger

No sólo el blog, pero sobre todo el blog, constituye hoy el principal ciberlugar de aparición del sujeto. Como la opacidad total, la pura transparencia parece imposible, pero el sujeto está ahí, se (auto)presenta. La tendencia le resulta favorable, pero hay igualmente lo contrario: ingente información subjetiva, por supuesto, aunque aparentemente sin emisor, con simples portavoces de la verdad, es decir, de nadie. Es la noticia frente al artículo de opinión. También aquí la práctica crítica consiste en encender las luces.

Raíces

Cuarta nota sobre la crisis

4. El mensaje político se está filtrando por el flanco religioso. Tras ‘gastar por encima de nuestras posibilidades’ (algo imposible, por cierto), tras tomar el miembro todo en lugar de la mano y confesar debidamente, ahora hay que ‘apretarse el cinturón’, purgar la culpa y hacer propósito de enmienda. Es tiempo de penitencia.

El que habla de austeridad, por cierto, también se retrata: considera superfluo o lujoso aquello que elimina; se confunde austeridad con precariedad.

Geografía urbana

Oigo al político (todos tienen hoy el mismo perfil; se trata, qué duda cabe ya, de una especie fácil de reconocer), oigo o leo al político, decía, repetir últimamente aquello de que ‘hay que conectar con la calle’. Se retrata. Tal consigna, que tiene algo de confesión, incluso de confesión marital, como si hubiera pasado demasiado tiempo en el despacho, acaso entre amigotes, sólo confirma lo que ya se intuía: que este mundo le resulta ajeno.

Nuestro espejo negro

 

Magnífico primer capítulo de ‘Black Mirror’. ¿Quién no reconoce nuestro tiempo en este espejo negro? La imagen inquieta, perturba, enturbia cierta (auto)comprensión alegre de la sociedad actual. En el capítulo está de forma clara el gesto neoludita, que se confirma casi como único gesto en la segunda y en la tercera parte (que por ello no están a la altura de la primera). También el gesto elitista. Pero me parece que no hay que ir por ahí. Los fenómenos que aparecen en el capítulo: la dificultad para el control de la información por lo rápida y fácilmente que se difunde por cualquiera, el problema de la opinión pública, etcétera, sugieren que esta época, la nuestra, se define por su enorme ambigüedad; este capítulo muestra el lado sombrío.

Píldora de net-art

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